jueves, 29 de noviembre de 2012

Trabajo Final 17



Teoría de la bala mágica.

Teoría que explica que los mensajes de un medio de comunicación deben ser captados por la audiencia de manera uniforme, no parecido ni semejante, sino de la misma manera en todo el público para que las reacciones de éste sean disparadas por estímulos.
Esto quiere decir que el individuo que capte la información debe tener reacciones como emociones, urgencias interiores, entre otros.
Se originó después de la primera guerra mundial ya que durante ella los medios de comunicación empezaron a convencer (persuadir) a las personas para que dieran su vida en el conflicto. Los medios como un arma de manipulación social por medio de propaganda incesante.
¿Qué se quiso demostrar con la teoría de la bala mágica?
Que los medios eran poderosas armas de concientización parcial, también conocido como a conveniencia. Que los medios de comunicación tenían el poder de moldear la opinión pública y volcar a las masas hacia el punto de vista que prefiera.

Teoría del cambio lingüístico.

Se llama cambio lingüístico al proceso de modificación y transformación que, en su evolución histórica, experimentan todas las lenguas en general, y las unidades lingüísticas de cada uno de sus niveles en particular. El cambio lingüístico se diferencia de la variación lingüística en que en el primero las modificaciones son diacrónicas y, por tanto, las estudia la lingüística histórica, mientras que las variaciones son sincrónicas y la analiza, entre otras disciplinas, la sociolingüística. El cambio lingüístico es un proceso interno de la lengua que no tiene nada que ver con el cambio de lengua o sustitución lingüística que es un proceso condicionado por factores externos.
Dos factores que han intervenido desde siempre en el cambio lingüístico han sido los préstamos y la analogía, el primero es un ejemplo de causa externa y el segundo de causa interna. Los cambios lingüísticos se agrupan por conveniencia en tres niveles: el cambio fonético, el cambio morfosintáctico y el cambio léxico-semántico.

Teoría Cambio social. 

Cambio social: “Toda transformación observable en el tiempo, que afecta, de una manera duradera, a la estructura o funcionamiento de una sociedad dada y modifica el curso de su historia”.
Puede ser un fenómeno colectivo (no cambio individual), fenómeno estructural (no coyuntural), tiene lugar en el tiempo (no en el espacio), presenta cierta permanencia o afecta a la historia de un colectivo.
Teorías del cambio: lineales de principio a fin (teorías evolutivas) basándose en la sociología clásica (Comte, Spencer).
Cíclicas: basándose en Toynbee y Spengler como: (Cíclico-lineales de Weber) Ciclos estructurales y Momentos coyunturales. Los factores pueden ser Demográficos, económicos, tecnológicos culturales,  ideológicos o la importancia de las élites

Teoría de la catarsis. 

Las frustraciones generadas en el curso de la vida cotidiana se alivian mediante la participación por "intermediario" en la agresión ajena. "El acto de presenciar contenidos violentos en televisión, o de leer noticias consideradas como agresivas, aporta al público experiencias agresivas indirectas, que sirven como vehículo inofensivo para aliviar sentimientos de hostilidad".

Teoría Categorías sociales. 

Las categorías sociales en las sociedades complejas producen distintas subculturas a medida que sus miembros crean y comparten creencias, actitudes y modelos de acción que satisfacen sus necesidades y contribuyen a resolver sus problemas específicos
Las diferenciación de actitudes dentro de los miembros de la audiencia puede ser clasificada en conforme a grupos sociales de características compartidas que manifestarán una conducta similar ante los mensajes mediáticos.
El público posee características no solo personales sino también sociales, y parte de su conducta se ve influida por dicha dimensión. Paul Lazarsfeld observará que los efectos de los mensajes están fuertemente condicionados por el contexto social al que el individuo pertenece, lo que significa que el modo en que se produce la valoración de un mensaje se haya incidida por la influencia que otros significativos ejercen sobre el individuo. El público posee características no solo personales sino también sociales, y parte de su conducta se ve influida por dicha dimensión.

Teoría centrada en el mensaje.

Enfoque centrado en el mensaje mismo, en su estructura interna y procedimientos transmisión significados. Importante conocer los procedimientos por los cuales las audiencias “leen” y “descodifican” mensajes medios comunicación. ( texto = elemento – oscuro. + concreto+ fácil de estudiar (se fija, se hace público y se transmite según reglas, cuidadoso análisis nos permite deducciones sobre cultura, significación, objetivos y usos/efectos). Puente entre sociología-ciencia política-humanidades.
Orígenes estudios “textos” mass media complejos, lingüística general y semiología (ciencia general de los signos)) --> mayores progresos obras (Barthes (1972) y Eco (1977).
Teoría de fondo: ya que reglas lenguaje delimitadas por estructura cultura, todo texto tiene interpretación preferencial (“podemos entender el significado si conocemos las reglas”).
Características de esta teoría:
1.Significado puede interpretarse mediante
2. No se ocupa del significado explícito (aparente, superficial), sino del latente (intencionado o NO).
3. No sólo a lengua escrita, cualquier medio para transmitir mensaje (sonido, imagen…)
Gran aceptación debido a que proporciona método para análisis empírico de la ideología. También éxito por combinar análisis cultural con sociología empírica (ambas se complementan, una instrumento para análisis cualitativo productos culturales (criterios estéticos y morales) y otra enfoque + sistemático (análisis objetivo).

Teoría corporativista. 

Esta tradición normativa es también llamada ‘corporativista’ o de alta cultura.
Esta teoría ha predominado durante muchos siglos. Según ella en la sociedad hay una estratificación jerárquica natural desde emperadores, reyes, aristócratas, clérigos… hasta los agricultores y artesanos (‘gente de la gleba’), o desde los caciques hasta el último de la tribu. En ella cada uno tiene un papel concreto que realizar dentro de una cosmovisión
sacro-religiosa (Menache, 1990) y racional. Lippman (1955: 81) dice que en ellas funcionan “las leyes universales del orden racional”.
Esta tradición ha sido la que más ha durado en la historia, y la que se ha usado en más culturas. Fue defendida por grandes filósofos, como Platón, Macchiavelo, Hobbes, Rousseau, y especialmente por Hegel (Rivers, Schramm, and Christians, 1980).  

 La teoría crítico-cultural.

La teoría crítica (McQuail 1994: 100) da paso durante la década de 1970 a la teoría crítico-cultural en el ‘Centre for Contemporary Cultural Studies’ (CCCS) de la Escuela de Birmingham (Inglaterra), que está representada principalmente por Hall (1982). 
Una de las preguntas que se hacían en el Centro de Estudios Culturales Contemporáneos era: ¿Cómo es posible que una élite continúe mandando en una democracia como la inglesa? (ver McQuail, 1994: 100).

Teoría Crítica de la sociedad.

Su trabajo está orientado a poner los fundamentos de la teoría social con los que busca analizar las sociedades del capitalismo avanzado. Aunque el pensamiento de Kant tiene un remarcable lugar en la obra de Habermas, el de Karl Marx desempeña un papel decisivo. El estrecho vínculo entre una filosofía de la razón muy ambiciosa en términos normativos y una teoría empírica de la sociedad es una característica del pensamiento de Marx que Habermas hace suya y que lo distingue de otros contemporáneos y, en particular, del sociólogo Niklas Luhmann y del filósofo John Rawls, con quienes, no obstante, comparte preocupaciones comunes. La integración de filosofía y ciencia social en una teoría crítica de la sociedad es el rasgo distintivo de la obra habermasiana. Aunque Habermas se vale del concepto filosófico de razón y lo emplea explícitamente en términos de filosofía del lenguaje, lo hace para poder desarrollar una teoría social. Se apoya en la idea de una completa transformación de la crítica del conocimiento en crítica de la sociedad. De ahí, que resulte unilateral entender a Habermas como mero filósofo de la fundamentación argumentativa y de la ética discursiva.

Teorías crítico-democráticas (marxistas y neomarxistas).

Se vieron las reacciones sucesivas de cada nueva teoría contra la inmediata precedente: la autoritaria, la liberal, la de responsabilidad social, la de servicio público y el funcionalismo. En general daban preferencia a los intereses individuales de los dueños de los medios y de los comunicadores ‘profesionales’. Poco a poco ellos mismos procuraban autorregularse con Códigos de Ética nacionales e internacionales al estilo tradicional, en que se proclamaba la fidelidad a la verdad, a la objetividad, a no aceptar sobornos… Pero los excluidos seguían siendo olvidados y en realidad los medios no tenían en cuenta a las minorías. Por eso surgieron nuevas teorías normativas: primero la crítico-democrática y más recientemente la comunitaria.
La teoría normativa crítico-democrática es de origen marxista. La teoría marxista nació como reacción contra las teorías libertarias y de responsabilidad social (Burgelman, 1986; cfr. McQuail, 1994: 73, 132). Se halló sobre todo especialmente en parte de Europa y en los países subdesarrollados. 
Según ella, la concentración de poder social y económico y el control capitalista de los medios masivos son los principales problemas culturales. El mercado libre creó una concentración de poder a favor del empresariado. Este usa los medios para imponer su ideología dominante sobre la gran masa, a quien pretende convencer de que su único deber es trabajar y consumir (Cfr. McQuail, 1994: 76).  
Esta teoría 'crítico-democrática' tiene varias vertientes, a veces contradictorias entre sí: la crítica (McQuail, 1994: 97), la crítico-cultural (McQuail, 1994: 100), la estructuralista (Curran et al., 1982: 23s), la teoría crítica político-económica (Curran et al., 1982: 25s; McQuail, 1994: 82), la de codificación – decodificación y la democrático-participativa o democrático-liberadora (McQuail, 1994: 131-132). La primera enfatiza la dimensión ‘crítica’ (siguiendo más la interpretación de las clases populares y de su liderazgo, y las restantes enfatizan la dimensión participativa, activa y democratizadora.

La teoría crítico-político-económica. 

Ésta arguye que las instituciones económicas, como las fuerzas del mercado y de la acumulación de capital, son unos factores más fundamentales de control cultural que las estructuras de pensamiento (Curran et al., 1982: 25s). El interés por esta teoría ha crecido porque crece la concentración de los medios a nivel mundial, crece la ‘economía de la información’ (Sussman, 1997) y desciende el sector público de los medios por la desregulación, la privatización y la liberalización (McQuail, 2000: 83).

Teoría de la comunicación y la información.

La Teoría de la Información o Teoría de la Comunicación se creó en los años cuarenta a partir de los trabajos de C. E, Shannon y N. Wiener. En todo sistema de comunicación la información inicial se codifica y se transmite en "señales". Estas señales se transmiten a un destinatario o receptor, quien a su vez debe descodificar o interpretar la señal. Generalmente el mensaje inicial o "input" no es totalmente idéntico al final u "output", porque en su codificación, transmisión o decodificación pueden producirse interferencias o "ruido". La Teoría de la Información intentó crear un formulismo matemático para la descripción de la información, la medida de la cantidad de información y su perdida en la transmisión o comunicación. Aunque originariamente esta teoría tuvo su aplicación en los campos de la radiotelegrafía y la radiotelefonía, la teoría se aplicó también en psicología, fundamentalmente para la comprensión del lenguaje y de la percepción.

 Las teorías de comunicación en América Latina. 

En septiembre de 1974 el boliviano Luis Ramiro Beltrán decía que la influencia predominante y más duradera en América Latina era la de la Europa clásica (histórica, intuitiva, filosófica, especulativa y escolástica), y que se hallaba presente sobre todo en los estudios de historia del periodismo y de la legislación de la comunicación.
En segundo lugar estaba la influencia de EE. UU. (Positivista, empìrista, sistemática y funcionalista), especialmente presente en los trabajos difusionistas de innovaciones agrícolas, y en la estructura y funciones de los medios y de la comunicación educativa.
Finalmente, estaba la influencia de la  Europea moderna (semiótica, estructuralista); ésta era la más reciente y la menos fuerte, y se concentraba en los análisis de contenido (Fuentes Navarro, 1999: 54)
En cuanto a los enfoques metodológicos, éste era el orden de importancia: descriptivos (de situaciones y hechos), explicativos (que indaga en las causas de los fenómenos) y predictivos.
Pero, aparte de estas influencias, en los investigadores latinoamericanos, ya en los años  sesenta (1960-1970) se estaba gestando por propio impulso una tensión (teóricometodológica) entre desarrollo y dependencia.
En los años  setenta la tensión (más bien epistemológico-política) era entre cientificidad y contribución al cambio social  (‘políticas de comunicación’, etc.). Por su parte Martín-Barbero (1987) estudió el debate latinoamericano en el inicio de los años 70.
En 1987 también Jesús Martín Barbero exigía ‘aceptar  que los tiempos no están para la síntesis’ y que teníamos que ‘avanzar a tientas, sin mapa o con sólo un mapa nocturno… un mapa para el reconocimiento de la situación desde las mediaciones y los sujetos” (Martín Barbero, 1987).
En esta década ya se hacen presentes los Estudios Culturales (García Canclini, en un artículo publicado en 2001). En los  noventa predominó la tensión entre abandonar las premisas críticas o adaptarse a las leyes del mercado. (Ver, por ejemplo, en Esteinou, 1998). Por un lado las temáticas asociadas a la ‘globalización’ y a  las tecnologías digitales y, por otro, las asociadas a las ‘identidades’ microsociales, exigieron la ruptura (o provocaron el ‘desvanecimiento’) de casi todos los supuestos teórico-metodológicos, epistemológicos y, sobre todo, ideológicos, que habían sostenido la investigación de la comunicación en las décadas previas. En América Latina pareció haberse perdido en esta década de los noventa la profundidad ideológica y el poder de las creencias que orientaran las búsquedas del ‘sentido’ de la comunicación. (Fuentes Navarro, 1999: 56). Héctor Schmucler (1996) anotó el predominio del conformismo político-social entre los investigadores latinoamericanos de esa década. Y tanto Martín Barbero como Schmucler vieron la urgencia de una reafirmación ética (Fuentes Navarro, 1999: 57). José Martínez Terrero - Teorías de comunicación 87
Hubo dos libros que ejercieron una influencia destacada entre académicos e investigadores de América latina durante la década de los noventa. Ellos fueron Jesús Martín Barbero (1987) con  De los medios a las mediaciones y Néstor García Canclini (1990) con  Culturas híbridas: estrategias para  entrar y salir de la modernidad) (Cfr. Schmucler, 1996: 65-72).
Pero Fuentes Navarro (1999: 59) prefiere el equilibrio, que consiste en entender la tradición como punto de partida, donde enraizamos nuestra identidad, sin que por ello quedemos prisioneros de su rigidez. Comprender la tradición es construir un saber que no es estático ni definitivo.
Este propósito general supone, entre  otras cosas, sustituir el concepto ‘comunicación’ como transmisión y circulación social de ‘mensajes’, por un marco conceptual más complejo, alrededor de la comunicación considerada como proceso sociocultural básico, es decir, como producción en común de sentido.  De hecho los estudios culturales continuaron profundizando en América Latina (García-Canclini 1997) (Ver también  Protzel, 1999, y Mattelart, Armand y Michele, 1997).  Por su parte Martín Barbero (1998) siguió presentando nuevos avances con su libro “De las hegemonías a las apropiaciones”.

Teoría de la comunicación política.

Algunos autores, como el canadiense André Gosselin (1998), consideran “que aún no se puede hablar de una teoría de la comunicación política sino de una metateoría basada en ciertos objetos, modelos y esquemas de explicación propios de la comunicación política”. Cuando hablamos de Comunicación Política, sabemos que, conceptualmente, el término es más amplio que el dedicado a los espacios netamente electorales y políticos, sobre los que nos vamos a referir en este trabajo. Una aproximación a una definición en tal sentido nos llevaría a decir “que hay comunicación política cuando existe una intervención intencional sobre la eventual conducta del receptor”. (André Bélanger, 1998). Definida de esta manera, la misma puede situarse mucho más allá de los círculos políticos y penetrar en las relaciones sociales más comunes como la familiar, la relativa a una pareja, la institucional, la pedagógica, etc. Es decir, en todo tipo de relación en donde esté en juego el poder de influir sobre otra persona o grupo, sea éste masivo o no, a los efectos de influir en la acción u omisión de una determinada acción o toma de decisión. Podríamos hablar, según Bélanguer, de un nivel de análisis microscópico y uno macroscópico según se trate de una comunicación política individual o grupal, o aquella en la que está en juego la llegada de un mensaje a un público masivo.
El mismo autor, sitúa dentro del proceso de comunicación política, diversas herramientas usadas alternativamente tales como manipulación, incitación, amenaza, persuasión o hasta mandato”. (Bélanguer, pag. 134 “Comunicación y Política”). En el presente trabajo, me centraré en el concepto de persuasión aplicada a la comunicación política, como herramienta básica para lograr un cambio de conducta (ajena) que favorezca el objetivo del persuasor. Parafraseando a Katlen Reardon (1981), la persuasión no es como muchos piensan, una actividad relativa a los carentes de ética, sino que se sitúa como una forma de comunicación en la que participa toda persona que entra en relación con los demás, en un marco social en el que todos diferimos de nuestros objetivos y en los instrumentos utilizados para conseguirlos. Por este motivo, entramos frecuentemente en conflicto y es allí donde entra en juego la persuasión como ‘forma consciente de comunicación que intentará convencer al ofensor para que redefina su objetivo o modifique los medios para lograrlo’.

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